Mertonizándose

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      Meyer Schlolnick era una persona desconocida, nacido en el seno de una humilde familia judía que emigró desde el este de Europa a Filadelfia a principios del siglo XX. Se separó de los ambientes marginales y las bandas encontrando refugio en los libros de la biblioteca Andrew Carnegie y se convirtió en un autodidacta que maduró en la figura de Robert King Merton tras cambiarse el nombre años después.

      Merton ya es una persona más conocida que destacó por su teoría sobre la “anomia” con la que trató de explicar la delincuencia y los fundamentos que subyacen detrás. Durkheim, referente de Merton, ya había hablado de la anomia para explicar el suicidio, sin embargo Merton fue más allá para explicar el crimen, la delincuencia o los desórdenes mentales.

      El principal hallazgo de sus investigaciones fue la asociación (al menos en parte) entre la anomia y la estructura social, entendida ésta relación como la exposición del individuo a determinadas metas culturales; normas que regulan su conducta; aceptación de esas metas como mandatos morales; accesibilidad a la meta y grado de discrepancia entre la meta y su accesibilidad.

      Según Merton la conducta del individuo podía encuadrarse en alguna de las siguientes variables:

                –Conformismo: Cuando la persona acepta las metas que fija la estructura social y también los medios que se ponen a su alcance (al menos teóricamente)  para alcanzar esas metas. Por ejemplo, una persona que estudia una carrera para tener un buen trabajo y se esfuerza en este para conseguir ascensos.

                –Ritualismo: Se rechazan las metas pero sí los medios. Por ejemplo, aquella persona que, teniendo cubiertas sus necesidades, rechaza invertir sus esfuerzos en mejorar. Está bien como está así que no necesita más de lo que ya tiene.

                –Retraimiento: Se rechazan tanto las metas como los medios. Por ejemplo, aquellos vagabundos que no pretenden subir sus estatus porque no aceptan como propio aquel al que podrían aspirar, y por lo tanto no ponen medios en ello.

                –Rebelión: También se rechazan las metas y los medios, con la diferencia de que se intenta cambiar  ambos. Quieren sustituir las metas aceptadas socialmente por otras así como los medios para acceder a ellas. Por ejemplo personas anti sistema y contestatarias, que, en muchas ocasiones utilizan medios violentos, llegando a extremos como el terrorismo.

                –Innovación: Se emplean medios no aceptados socialmente para alcanzar metas que sí lo están. Aquí aparecen delincuentes típicos que aceptan la riqueza como fin en sí mismo pero innovan en maneras para alcanzarlo a través de la utilización de medios no aceptados socialmente, como puede ser un ladrón, ya sea violento o de cuello blanco.

                Hablamos de una teoría y, como tal, tiene numerosos detractores como Dubin (la conducta desviada no es necesariamente disfuncional para una sociedad); Parsons (Teoría de la acción social y clasificación de la conducta desviada por orientaciones activas y pasivas, necesidades, etc); Cloward (diferencias en el acceso a los medios) o Cohen (Asociación de la delincuencia con la estructura de clases en EEUU), entre otros.

                No obstante se trata de una teoría con miga que puede enriquecer en parte nuestro punto de vista desde los Recursos Humanos

      ¿Qué eres en tu organización?

¿Qué quieres ser para tu organización?

                ¿Un conformista?

      Haces lo que tienes que hacer, lo que se te dice que deberías hacer y lo que se supone que has de hacer. Si hay que estar hasta las nueve de la noche en la silla para que el jefe reconozca tu esfuerzo, se está, aunque a veces sea como manifestación del presentismo más puro y acabes leyendo los periódicos en el ordenador. Tu función la tienes muy clara y la llevas a cabo con tu mejor voluntad. Algún día se te reconocerá el mérito, te ascenderán y volverás a ser ejemplar en tu rol para seguir progresando. Cuando dejes de formar parte de tu empresa lo harás orgulloso por el trabajo bien hecho que dejas atrás y atravesarás la puerta de salida por última vez con la barbilla bien alta. Tu organización no tardaría en encontrar otra abeja obrera, pero pensarás “ninguna lo hará tan bien como yo”

                ¿Un ritualista?

      Entras a la hora y sales a la hora, ni un minuto más, ni un minuto menos. Te pagan por hacer tu trabajo, eres un afortunado por ello y lo sabes. No te gusta moverte de donde estás, tienes claro tu rol así que lo desempeñas sin prisas. Te gusta el trabajo bien hecho, pero todavía más que no te genere preocupación. El trabajo no es más que trabajo, un medio de vida, así que no necesitas un ascenso ni lo buscas, eres feliz en tu piscina, el mar es para los ambiciosos y tú no lo eres. Tu organización no tardará en darse cuenta de que el muro se sostiene aunque se le quite un ladrillo, pero llevando ya tantos años en tu silla no se van a andar con líos, ¿o sí?

                ¿Un rebelde?

      La gente de la empresa no tiene ni idea, si tú estuvieras al mando todo se haría de otra manera. Sobran jefes por todos lados y tus compañeros son unos inútiles. Las cosas irían mejor si se hiciera una limpieza en la organización y se expulsara a toda esa gente que aporta tan poco. Ojalá todos fueran como tú y se dieran cuenta de lo que hay que hacer, porque las normas están para romperlas y sólo con valientes se ha forjado la historia. En la máquina del café pones verde al becario, a su edad tú eras mucho más profesional y la tuya es una empresa seria. Tu organización te identificará como un signo de resta y una molécula de CO2 que hay que exhalar, pero “no tienen ni idea, sólo faltaba que me echaran a mí, con todo lo que he hecho por esta empresa”.

                ¿Un innovador?

      Entraste en la empresa con un rol, pero tú eres multitarea, eres capaz de cumplir las funciones que te han asignado y tener los ojos puestos en otros mundos para aprender todo lo que pueda mejorar tu trabajo. Si algo puede mejorarse, lo planteas, utilizas internet continuamente como fuente de información y buscas la eficiencia en tu labor. Pronto tu cabeza te dice que puedes hacer más, lo pides y lo consigues. Aprendes y creces continuamente. Te consideras a ti mismo como un campo de mejora, explotas tus virtudes y trabajas en tus oportunidades de desarrollo. Compartes el conocimiento con tus compañeros para hacer que nadie se quede atrás y la evolución sea conjunta. Los demás te ven como un enorme signo de suma, quieren que estés con ellos trabajando y los líderes admiran tu manera de funcionar. Eres indispensable.

      Y tú

      ¿Quién eres?

      ¿Quién te gustaría ser?

 

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