La jornada hasta las seis que nos acerca a ¿occidónde?

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      En período electoral se lanzan multitud de promesas y deseos varios por parte de todos los bandos.

      Uno de ellos tuvo lugar hace algunas semanas y recibió bastante eco en los medios nacionales. Se trató, en esta ocasión y sin señalar a nadie (puesto que no es el marcaje político el objetivo de este artículo), de la posibilidad de que las jornadas laborales acaben a las seis de la tarde. O lo que es lo mismo, se ha hablado del mismo tópico que en 2013 y, que en otros países de nuestro entorno. Es el pan suyo de cada día.

      El objetivo no es otro que la mejora del bienestar de la población trabajadora mediante la conciliación de la vida familiar y profesional sin necesidad de acudir a fórmulas elaboradas e ideas rimbombantes llamadas a pasarse de moda.  Se trata, por lo tanto, de una medida del saco del “Smart working” que tan buenos resultados ha demostrado dar a numerosas compañías. Algunas incluso llevan al extremo estos hábitos permitiendo a los trabajadores escoger cuándo quieren sus vacaciones y durante cuánto tiempo, como es el caso de Virgin versionando el modelo de Netflix.

      En España se podrá implantar, o podrá quedarse en agua de borrajas, sin embargo conviene coger los prismáticos para ver que pasa en el horizonte de otros sistemas públicos, yendo más allá del ámbito estrictamente privado.

      En ese horizonte tenemos naciones como el Reino Unido, donde si bien la cultura es bien distinta, existe esta costumbre arraigada profundamente. Incluso han ido varias millas más allá para crear el programa gubernamental TW3 (The way we work) con el objetivo de ilustrar cómo trabajará en el futuro el “servicio civil”. De esa manera ayudan a la gente a adoptar formas de organización laboral más “smart”, modernas y basadas en la evidencia, que ellos mismos propugnan mediante su implantación en distintos departamentos de la administración.

      Han elaborado un libro, denominado “PAS3000 Smart working”, a través del Cabinet Office y el British Standards Institute, con la colaboración de empresas como la citada Virgin, EY o Vodafone, para sugerir recomendaciones que establezcan buenas prácticas para implementar este sistema de organización, que, por cierto, va más allá de salir a las seis de la tarde.

            Bruce Mann, en su artículo de enero titulado “Smart Working: the quiet revolution” pone de manifiesto que el mundo laboral está cambiando: ya no necesitamos atarnos al escritorio, podemos ser mejores ahorrando dinero y siendo más productivos mediante la gestión inteligente del trabajo.

      El sistema público inglés no sólo es laboralmente flexible sino que pretende ser un referente para el sistema privado, con la puesta en bandeja de facilidades y modelos, para que todo el país funcione de esta manera más humana.

      Hablamos, en definitiva, de fomentar nuevos comportamientos y cambiar actitudes para alterar la disposición física de los ambientes de trabajo.

      Pero, al fin y al cabo, siempre podremos decir que el Madrid ganó al Manchester City en semifinales de la Champions.

Este artículo ha sido publicado originalmente en La Nueva Ruta del Empleo